Descubre por qué comprar una vivienda se ha vuelto más difícil para los jóvenes europeos y cómo influyen los precios, salarios, hipotecas y ahorro.
¿Por qué los jóvenes europeos tienen cada vez más dificultades para comprar una vivienda?
Comprar una vivienda ha sido tradicionalmente uno de los grandes objetivos financieros de muchas personas. Para generaciones anteriores, conseguir un empleo estable, ahorrar durante varios años y solicitar una hipoteca podía convertirse en el camino habitual hacia la propiedad.
Para muchos jóvenes europeos, ese recorrido se ha vuelto considerablemente más complicado.
El problema no se reduce únicamente a que las casas sean caras. La dificultad está en la combinación de varios factores: el aumento de los precios inmobiliarios, el coste de las hipotecas, la evolución de los salarios, la necesidad de ahorrar una entrada elevada, la escasez de vivienda en determinadas zonas y unas condiciones laborales que pueden dificultar la acumulación de ahorro.
Los datos recientes ayudan a entender la magnitud del problema. Según Eurofound, desde 2010 los precios medios de venta de viviendas en la Unión Europea han aumentado un 55,4 %, mientras que los alquileres lo han hecho un 26,7 %. La organización señala además que los jóvenes de entre 18 y 39 años están especialmente expuestos porque suelen tener ingresos inferiores, empleos menos estables y una mayor necesidad de vivir en ciudades donde la vivienda es más cara.
La situación tampoco es igual en todos los países. Europa no tiene un único mercado inmobiliario: existen enormes diferencias entre ciudades, regiones y Estados miembros.
Sin embargo, existe un patrón común: para muchos jóvenes, el crecimiento del coste de la vivienda ha sido más rápido que su capacidad para acumular patrimonio y acceder a una hipoteca.
Comprar una vivienda requiere mucho más que poder pagar la cuota mensual
Uno de los errores más habituales al analizar la accesibilidad de una vivienda consiste en fijarse únicamente en la cuota hipotecaria.
Una persona puede ser capaz de asumir una determinada mensualidad y, aun así, no poder comprar una vivienda.
¿Por qué?
Porque antes de solicitar una hipoteca normalmente necesita disponer de una cantidad considerable de dinero ahorrado.
La compra puede implicar:
- Entrada de la vivienda.
- Impuestos.
- Gastos de compraventa.
- Tasación.
- Gastos relacionados con la hipoteca.
- Reformas.
- Mobiliario.
- Fondo de emergencia.
Por tanto, existen dos barreras diferentes:
1. La capacidad para financiar la compra.
2. La capacidad para reunir el dinero necesario para acceder a ella.
Para un trabajador joven que acaba de incorporarse al mercado laboral, ambas pueden resultar difíciles.
El problema de ahorrar mientras se paga un alquiler
Aquí aparece uno de los círculos más complicados del mercado inmobiliario.
Una persona joven puede necesitar ahorrar para comprar una vivienda, pero mientras no pueda comprar necesita alquilar.
Y el alquiler reduce su capacidad de ahorro.
El proceso puede terminar siendo:
salario → alquiler y gastos → poco ahorro → entrada insuficiente → continuar alquilando → menor capacidad para ahorrar.
Si además aumentan los precios de las viviendas durante ese periodo, el objetivo se aleja todavía más.
Eurofound señala que los jóvenes que viven de forma independiente soportan una carga de vivienda mayor que otros grupos de edad y tienen una mayor probabilidad de sufrir sobrecarga de costes.
Los precios de las viviendas han crecido mucho desde 2010
El aumento de los precios es uno de los factores centrales.
Eurofound calcula que los precios medios de venta de viviendas en la UE aumentaron un 55,4 % entre 2010 y 2025, mientras que los alquileres aumentaron un 26,7 %.
La Comisión Europea utiliza un periodo de referencia diferente y señala que, desde 2013, los precios de la vivienda en la UE han aumentado más de un 60 %, mientras que los alquileres medios lo han hecho alrededor de un 20 %.
Estas cifras no son contradictorias: parten de años diferentes y utilizan series distintas.
Lo importante es la tendencia general:
el coste de acceder a una vivienda ha aumentado de forma muy significativa durante la última década y media.
Y las medias europeas esconden diferencias todavía mayores.
En determinadas capitales, zonas costeras y destinos turísticos, el crecimiento ha sido mucho más intenso.
¿Por qué los jóvenes sufren especialmente esta subida?
Porque normalmente se encuentran en una fase de acumulación inicial de patrimonio.
Una persona que lleva 20 o 30 años trabajando puede tener:
- Ahorros.
- Una vivienda ya pagada parcialmente.
- Patrimonio heredado.
- Inversiones.
- Acceso a ayuda familiar.
- Mayor salario por antigüedad.
Un trabajador de 25 o 30 años que acaba de empezar su trayectoria profesional normalmente no dispone de esas ventajas.
Incluso aunque tenga un salario razonable, puede encontrarse compitiendo en el mismo mercado con personas que tienen una capacidad financiera muy superior.
Por eso, el problema no es solamente cuánto cuesta una casa, sino qué capacidad tiene el comprador para competir por ella.
Los salarios no han seguido el mismo ritmo que la vivienda
La relación entre vivienda e ingresos es fundamental.
Una vivienda puede ser cara pero asumible si los salarios aumentan proporcionalmente.
El problema aparece cuando el precio de los inmuebles crece mucho más rápido que la capacidad de compra de los hogares.
Eurofound señala precisamente que el aumento de los precios y alquileres ha superado el crecimiento de los ingresos para muchos grupos de población.
Esto tiene una consecuencia muy importante:
ahorrar un porcentaje determinado del salario no garantiza que el comprador esté acercándose al objetivo al mismo ritmo que aumenta el precio de la vivienda.
Un ejemplo sencillo
Imagina a una persona que consigue ahorrar 8.000 euros al año.
Si necesita 40.000 euros para reunir una entrada y gastos asociados, en teoría necesitaría cinco años.
Pero supongamos que durante esos cinco años las viviendas que busca también aumentan considerablemente de precio.
La cantidad que necesita ahorrar puede aumentar mientras intenta alcanzarla.
Esto genera una carrera especialmente complicada para quienes todavía no poseen patrimonio.
Las hipotecas también pueden cambiar completamente la ecuación
Incluso si el precio de una vivienda permanece estable, el coste de financiarla puede variar significativamente dependiendo de los tipos de interés.
Esto se hizo especialmente evidente después de las fuertes subidas de tipos del Banco Central Europeo durante 2022 y 2023.
El BCE explica que las decisiones de política monetaria afectan directamente a los tipos hipotecarios y, por tanto, a la capacidad de compra de los hogares. Entre finales de 2021 y finales de 2023, la accesibilidad de la vivienda en la zona euro cayó considerablemente porque el aumento de los tipos hipotecarios superó la mejora de los ingresos y el ligero descenso de los precios de algunas viviendas.
Aunque posteriormente los tipos comenzaron a bajar, la recuperación de la accesibilidad fue limitada y los precios inmobiliarios volvieron a ejercer presión.
En julio de 2026, el coste compuesto de los nuevos préstamos para adquisición de vivienda en la zona euro se situaba en el 3,54 %, según los datos del BCE.
Esto permite entender por qué una pequeña variación de los tipos puede tener un impacto considerable en una hipoteca a varias décadas.
Una misma vivienda puede tener cuotas muy diferentes
Supongamos, de forma simplificada, una vivienda de 250.000 euros.
Si un comprador necesita financiar 200.000 euros, el coste total de esa financiación dependerá no solo del plazo, sino también del tipo de interés.
A mayor tipo:
- Mayor cuota mensual.
- Mayor cantidad total de intereses.
- Menor capacidad para asumir otros gastos.
- Mayor exigencia de ingresos por parte del banco.
Y aquí aparece otro problema.
Los precios de la vivienda y el coste de financiarla pueden moverse en direcciones diferentes.
Una bajada de los tipos puede facilitar la financiación, pero si al mismo tiempo aumenta la demanda y suben los precios, parte de esa mejora puede desaparecer.
El BCE ha señalado precisamente que la reducción de los tipos hipotecarios ayudó a mejorar la accesibilidad desde finales de 2023, aunque el aumento de los precios de la vivienda limitó esa recuperación.
Los bancos también analizan el riesgo del comprador
Conseguir una hipoteca no depende únicamente de querer comprar.
La entidad financiera evalúa la capacidad del solicitante para devolver el préstamo.
Puede tener en cuenta aspectos como:
- Ingresos.
- Estabilidad laboral.
- Endeudamiento existente.
- Historial financiero.
- Ahorros.
- Características de la vivienda.
- Porcentaje que se necesita financiar.
Esto puede crear otra dificultad para los jóvenes.
Una persona con pocos años de experiencia laboral puede tener menos estabilidad profesional que alguien que lleva décadas trabajando.
Y un trabajador con contrato temporal, ingresos variables o periodos de desempleo puede tener más dificultades para demostrar una capacidad de pago estable.
Los datos del BCE muestran que las condiciones de concesión de préstamos para vivienda pueden variar con el tiempo. En el segundo trimestre de 2026, los bancos de la zona euro reportaron un endurecimiento neto de los estándares de crédito para préstamos destinados a comprar vivienda; en España también se produjo un endurecimiento.
Esto no significa que todos los jóvenes tengan dificultades para conseguir una hipoteca, pero sí demuestra que el acceso al crédito depende de condiciones financieras que pueden cambiar.
La entrada se convierte en una barrera enorme
Una de las mayores dificultades para los jóvenes no siempre es la cuota.
Es conseguir el dinero inicial.
Imagina una vivienda de 250.000 euros.
Si una persona necesita aportar 50.000 euros de sus propios recursos para financiar una parte de la compra, reunir esa cantidad puede ser muy difícil cuando se parte de cero.
Y si además existen gastos e impuestos asociados a la operación, el objetivo de ahorro aumenta.
Esto favorece a quienes ya tienen patrimonio.
Una persona que dispone de una vivienda familiar, inversiones o ayuda económica puede acceder al mercado inmobiliario mucho antes que otra con el mismo salario pero sin patrimonio previo.
De esta manera, el mercado inmobiliario puede generar una diferencia importante entre jóvenes con apoyo patrimonial y jóvenes que dependen exclusivamente de sus ingresos laborales.
La vivienda asequible está especialmente concentrada fuera de las grandes ciudades
Otra pieza fundamental del problema es la geografía.
Los jóvenes suelen desplazarse hacia lugares donde existen:
- Más empleos.
- Universidades.
- Empresas.
- Servicios.
- Transporte.
- Oportunidades profesionales.
Pero esas zonas suelen concentrar también una mayor demanda inmobiliaria.
Eurofound señala que los jóvenes que buscan vivienda en centros urbanos y destinos turísticos se enfrentan a dificultades especialmente intensas, mientras que las zonas rurales suelen ser más asequibles, aunque ofrecen menos viviendas disponibles, especialmente en alquiler.
Esto genera una paradoja:
las zonas donde hay más oportunidades laborales pueden ser precisamente aquellas donde resulta más difícil comprar una vivienda con un salario joven.
El problema de la oferta: no hay suficientes viviendas donde más se necesitan
Los precios no dependen únicamente de cuánto quieren pagar los compradores.
También dependen de cuántas viviendas existen y de dónde están ubicadas.
Si muchas personas quieren vivir en una determinada ciudad y se construyen pocas viviendas nuevas, la presión sobre el mercado aumenta.
La Comisión Europea estima que Europa necesita construir más de dos millones de viviendas al año para satisfacer la demanda actual, aproximadamente 650.000 más que las 1,6 millones que se construyen actualmente.
Además, la Comisión señala que entre 2019 y 2024 el número de permisos concedidos para nuevas construcciones residenciales cayó un 14 %, mientras que los precios de la vivienda aumentaron un 27 %.
Esto ayuda a explicar por qué el problema no puede solucionarse simplemente diciendo a los jóvenes que «ahorren más».
Si la oferta de vivienda asequible es insuficiente, ahorrar más no necesariamente hace que aparezcan más viviendas.
Construir vivienda tampoco es tan sencillo como parece
Cuando se habla de aumentar la oferta, puede parecer que la solución consiste simplemente en construir más edificios.
Pero existen numerosos obstáculos:
- Precio del suelo.
- Costes de construcción.
- Mano de obra.
- Materiales.
- Regulaciones urbanísticas.
- Licencias.
- Disponibilidad de terrenos.
- Infraestructuras.
- Costes energéticos.
- Financiación.
La propia Comisión Europea identifica la escasez de suelo, los costes y las barreras administrativas como algunos de los factores que dificultan aumentar la oferta de vivienda asequible.
Esto es especialmente importante en las ciudades donde la demanda es más elevada.
El auge del alquiler turístico añade presión en determinadas zonas
En algunos mercados, las viviendas destinadas a alquiler de corta duración compiten con el uso residencial tradicional.
La Comisión Europea señala que los alquileres de corta duración aumentaron un 93 % entre 2018 y 2024 en la UE y considera que pueden contribuir a aumentar la presión en zonas con mercados de vivienda tensionados.
No significa que el alquiler turístico sea la causa única del problema.
El mercado inmobiliario está condicionado por muchos factores.
Pero en determinados destinos turísticos o ciudades con una oferta limitada, una vivienda destinada temporalmente a visitantes puede resultar más rentable para el propietario que alquilarla a largo plazo.
Eso puede reducir la cantidad de vivienda disponible para residentes.
La vivienda también se ha convertido en un activo de inversión
Existe otro cambio estructural: las viviendas no solo se compran para vivir.
También pueden adquirirse como:
- Inversión.
- Segunda residencia.
- Activo patrimonial.
- Alquiler.
- Protección frente a la inflación.
- Diversificación patrimonial.
Cuando una vivienda es un activo de inversión, un comprador joven que busca su primera residencia puede competir con personas o empresas que persiguen objetivos financieros diferentes.
Eurofound señala precisamente la creciente utilización de la vivienda como vehículo de inversión como uno de los elementos que pueden aumentar la presión sobre un mercado de oferta limitada.
No todos los jóvenes europeos están en la misma situación
Es importante evitar generalizaciones.
Decir que «los jóvenes europeos no pueden comprar viviendas» sería incorrecto.
Existen diferencias enormes entre países y regiones.
También existen diferencias dentro de cada generación.
No tiene la misma situación:
- Un joven con dos salarios en el hogar.
- Una persona que vive sola.
- Alguien con ayuda familiar.
- Un trabajador con empleo estable.
- Un autónomo con ingresos variables.
- Una persona que vive en una capital.
- Alguien que puede trabajar desde una localidad pequeña.
Los datos de Eurostat muestran precisamente esta diversidad.
En 2025, la edad media de salida del hogar familiar en la UE fue de 26,3 años, pero las diferencias nacionales fueron enormes: desde 21,4 años en Finlandia hasta 31,5 en Croacia. España se situó en 30,2 años.
Esto demuestra que el acceso a la vivienda depende también de factores culturales, laborales, familiares y económicos.
¿Qué relación existe entre comprar vivienda y seguir viviendo con los padres?
Cuando una persona no puede comprar o alquilar una vivienda de forma independiente, puede retrasar su salida del hogar familiar.
Eurostat indica que en 2025 los jóvenes de la UE abandonaron el hogar de sus padres a una edad media de 26,3 años.
Pero este dato no significa necesariamente que todos quieran permanecer en casa de sus padres.
Eurofound encontró que muchos jóvenes mantienen una situación residencial distinta de la que preferirían, incluyendo personas que continúan viviendo con padres o familiares pese a desear vivir de manera independiente o con su pareja.
La vivienda, por tanto, no es únicamente una cuestión patrimonial.
Puede afectar a decisiones personales y profesionales.
La dificultad para comprar una casa también puede afectar al trabajo
Imaginemos a un joven que encuentra una buena oportunidad laboral en una ciudad diferente.
Si el alquiler es demasiado caro y comprar resulta imposible, puede decidir no trasladarse.
Esto tiene consecuencias para:
- Movilidad laboral.
- Acceso a mejores empleos.
- Independencia económica.
- Desarrollo profesional.
Eurofound señala que la crisis de vivienda puede limitar las oportunidades educativas y laborales de los jóvenes y dificultar la movilidad hacia las zonas donde se concentran los empleos.
Por tanto, la vivienda también puede convertirse en un problema para el funcionamiento del mercado laboral.
¿Por qué el problema afecta especialmente a las grandes ciudades?
Las ciudades concentran demanda.
En ellas suelen encontrarse:
- Universidades.
- Empresas.
- Oficinas.
- Hospitales.
- Servicios públicos.
- Transporte.
- Actividades culturales.
- Turismo.
Pero el suelo disponible es limitado.
Y cuando muchas personas compiten por un número limitado de viviendas, los precios tienden a aumentar.
La situación puede intensificarse en capitales y destinos turísticos.
Eurofound señala que en muchas áreas urbanas una persona joven con un salario mediano encuentra muy pocas viviendas de alquiler que puedan considerarse asequibles.
En otras palabras:
el problema no es simplemente que las viviendas sean caras en términos absolutos, sino que las viviendas disponibles pueden ser demasiado caras respecto a los ingresos de quienes necesitan vivir allí.
Comprar frente a alquilar: dos problemas relacionados
Ante la dificultad de comprar, muchos jóvenes optan por alquilar.
Pero el alquiler tampoco es necesariamente una solución sencilla.
Eurostat calculó que en 2025 el 9,1 % de los jóvenes de entre 15 y 29 años de la UE vivía en hogares que destinaban al menos el 40 % de su renta disponible a costes de vivienda, frente al 7,7 % de la población total.
La diferencia es importante porque significa que algunos jóvenes se encuentran atrapados entre dos alternativas complicadas:
Comprar: requiere una gran cantidad de ahorro y capacidad financiera.
Alquilar: puede absorber una parte elevada de los ingresos y dificultar todavía más el ahorro necesario para comprar.
Este es uno de los principales motivos por los que el acceso a la propiedad puede retrasarse.
El efecto de los alquileres altos sobre el ahorro
Supongamos dos personas con el mismo salario.
La primera paga 650 euros al mes por su vivienda.
La segunda paga 1.000 euros.
La diferencia son 350 euros mensuales.
En un año, representa:
4.200 euros.
En cinco años:
21.000 euros.
Esa diferencia podría representar una parte importante de la entrada de una vivienda.
Por eso, el alquiler no solo afecta al nivel de vida actual.
También puede afectar a la capacidad futura de construir patrimonio.
¿Se está creando una brecha entre propietarios y no propietarios?
Puede producirse un efecto acumulativo.
Quien consigue comprar una vivienda puede beneficiarse, si el mercado sube, de la revalorización de ese activo.
Además, con el paso del tiempo puede ir reduciendo su deuda hipotecaria.
Mientras tanto, una persona que permanece muchos años alquilando puede dedicar una parte considerable de sus ingresos al alojamiento sin adquirir un activo inmobiliario.
Esto no significa que comprar siempre sea mejor que alquilar.
Comprar también implica:
- Deuda.
- Mantenimiento.
- Impuestos.
- Riesgo de caída del precio.
- Menor movilidad.
- Costes de transacción.
Pero sí muestra por qué el acceso inicial a la propiedad puede tener consecuencias patrimoniales a largo plazo.
El papel de la ayuda familiar
La ayuda de los padres puede marcar una diferencia considerable.
Una familia puede contribuir mediante:
- Dinero para la entrada.
- Avales.
- Vivienda temporal.
- Herencias anticipadas.
- Pago de determinados gastos.
Para una persona sin ese respaldo, alcanzar el mismo nivel de ahorro puede requerir muchos más años.
Esto puede crear diferencias dentro de una misma generación.
Dos jóvenes con salarios idénticos pueden tener posibilidades muy diferentes de comprar una vivienda dependiendo de su patrimonio familiar.
Y cuanto más altos sean los precios inmobiliarios respecto a los salarios, mayor puede ser la importancia de ese apoyo.
¿Por qué España aparece entre los países más afectados?
España presenta algunas características especialmente relevantes dentro del contexto europeo.
Eurostat sitúa la edad media de salida del hogar familiar en España en 30,2 años en 2025, frente a 26,3 años para el conjunto de la UE.
Además, Eurofound identifica a España entre los países donde, en determinadas zonas, el coste de un alquiler estándar puede exigir más del 80 % del salario mediano de un joven.
Esto no significa que esa proporción se aplique a todas las ciudades españolas ni a todos los jóvenes.
La realidad varía enormemente entre Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla, zonas turísticas, ciudades medianas y áreas rurales.
Pero sí muestra que España forma parte de los mercados europeos donde el acceso de los jóvenes a una vivienda asequible representa un problema especialmente relevante.
¿Es imposible para un joven comprar una vivienda?
No.
Esta es una conclusión importante.
La dificultad creciente no significa que la propiedad sea imposible para toda una generación.
Hay personas jóvenes que compran viviendas todos los años.
La cuestión es que las condiciones necesarias para conseguirlo pueden ser más exigentes.
En muchos casos puede requerir:
- Más años de ahorro.
- Dos ingresos en el hogar.
- Comprar una vivienda más pequeña.
- Alejarse del centro urbano.
- Recibir ayuda familiar.
- Tener un empleo estable.
- Aportar más capital.
- Reducir otros gastos.
- Esperar a mejores condiciones financieras.
Por eso, la pregunta interesante no es «¿pueden los jóvenes comprar?», sino:
¿Qué proporción de las viviendas disponibles puede permitirse un joven con ingresos normales y sin patrimonio previo?
Esa perspectiva refleja mucho mejor el problema de accesibilidad.
¿Qué soluciones se están planteando en Europa?
La respuesta europea no se centra en una única medida.
La Comisión Europea ha planteado aumentar la oferta de vivienda asequible, acelerar la construcción, mejorar la eficiencia energética, movilizar inversión pública y privada y abordar la presión de los alquileres de corta duración en determinadas zonas.
También se ha puesto el foco en:
- Vivienda social.
- Rehabilitación.
- Reducción de costes de construcción.
- Simplificación administrativa.
- Uso de viviendas vacías.
- Financiación.
- Apoyo a grupos vulnerables.
Eurofound concluye que, en mercados especialmente tensionados, aumentar la oferta de vivienda asequible es una de las respuestas más relevantes.
La dificultad consiste en que estas medidas requieren tiempo.
Construir viviendas no soluciona inmediatamente el problema de una persona que necesita comprar este año.
¿Qué puede hacer un joven que quiere comprar una vivienda?
Aunque muchos factores están fuera del control individual, existen algunas decisiones financieras que pueden mejorar las posibilidades de compra.
1. Definir un objetivo de ahorro realista
No basta con decir «quiero ahorrar para una casa».
Es mejor calcular:
- Precio aproximado de la vivienda.
- Ahorro disponible.
- Cantidad que se necesita aportar.
- Gastos adicionales.
- Plazo de ahorro.
- Cuota hipotecaria estimada.
2. No fijarse únicamente en el precio de la vivienda
Hay que analizar el coste total de propiedad.
Una vivienda aparentemente barata puede tener:
- Comunidad elevada.
- Necesidad de reformas.
- Mala eficiencia energética.
- Impuestos elevados.
- Costes de transporte.
3. Comparar financiación
El tipo de interés puede modificar significativamente el coste total de una hipoteca.
Por eso conviene comparar diferentes ofertas y no asumir que el primer préstamo disponible es necesariamente el más adecuado.
4. Mantener un fondo de emergencia
Un error sería utilizar todos los ahorros disponibles para comprar.
Una vivienda puede generar gastos inesperados.
Por eso, el dinero destinado a la entrada debería diferenciarse del colchón financiero necesario para afrontar imprevistos.
5. Evitar endeudarse al límite
Que un banco esté dispuesto a conceder una determinada cantidad no significa que esa cantidad sea cómoda para cualquier persona.
Una hipoteca debe analizarse teniendo en cuenta también:
- Alimentación.
- Transporte.
- Seguros.
- Suministros.
- Mantenimiento.
- Ahorro.
- Posibles cambios de ingresos.
La vivienda puede convertirse en una decisión de inversión además de una decisión personal
Para un joven, comprar una vivienda puede representar simultáneamente:
un lugar donde vivir + una deuda a largo plazo + una decisión patrimonial.
Esto hace que sea importante no comprar únicamente porque existe miedo a que los precios sigan subiendo.
El conocido FOMO también puede aparecer en el mercado inmobiliario:
«Si no compro ahora, nunca podré comprar».
Este pensamiento puede llevar a asumir una hipoteca demasiado elevada o comprar una vivienda que realmente no encaja con la situación financiera del comprador.
Una decisión inmobiliaria debería considerar el horizonte temporal, la estabilidad de ingresos, la capacidad de pago y los costes totales, no solamente las expectativas sobre el precio futuro.
Preguntas frecuentes sobre los jóvenes y la compra de vivienda
¿Por qué a los jóvenes europeos les cuesta tanto comprar una vivienda?
Principalmente por la combinación de precios elevados, crecimiento de los alquileres, dificultad para ahorrar una entrada, costes hipotecarios, salarios insuficientes respecto al precio de la vivienda y escasez de oferta en determinadas zonas.
¿Han subido mucho las viviendas en Europa?
Sí. Eurofound estima que los precios medios de venta en la UE aumentaron un 55,4 % entre 2010 y 2025. La Comisión Europea, utilizando 2013 como referencia, señala un aumento superior al 60 %.
¿Los tipos de interés influyen en la posibilidad de comprar?
Sí. Una subida de los tipos aumenta normalmente el coste de financiar una vivienda, mientras que una reducción puede mejorar la accesibilidad. El BCE ha documentado cómo los cambios de tipos afectaron a la asequibilidad de la vivienda en la zona euro.
¿Por qué muchos jóvenes siguen viviendo con sus padres?
La vivienda es uno de los factores, aunque no el único. Los ingresos, el empleo, las normas culturales y las circunstancias familiares también influyen. En 2025, la edad media de salida del hogar familiar fue de 26,3 años en la UE y de 30,2 años en España.
¿Es mejor comprar que alquilar?
No existe una respuesta universal. Comprar implica adquirir un activo, pero también asumir deuda, mantenimiento y menor movilidad. Alquilar ofrece mayor flexibilidad, aunque puede dificultar la acumulación de ahorro cuando el coste mensual es elevado.
¿Qué necesita Europa para mejorar el acceso a la vivienda?
Entre las medidas planteadas se encuentran aumentar la oferta de vivienda asequible, construir y rehabilitar más viviendas, reducir determinadas barreras administrativas, movilizar inversión y abordar las presiones específicas de las zonas con mercados inmobiliarios tensionados.
Conclusión: comprar una vivienda se ha convertido en una carrera más difícil para muchos jóvenes
La dificultad que encuentran muchos jóvenes europeos para comprar una vivienda no tiene una única explicación.
Es el resultado de una combinación de factores que se han ido acumulando durante años.
Los precios inmobiliarios han aumentado con fuerza. Los alquileres también han subido. Los jóvenes suelen encontrarse al principio de su trayectoria laboral, con menos patrimonio y, en algunos casos, mayor inestabilidad de ingresos. Al mismo tiempo, las ciudades donde se concentran las oportunidades laborales son precisamente algunos de los mercados inmobiliarios más tensionados.
A todo ello se suma el coste de financiar una vivienda.
Aunque los tipos hipotecarios han cambiado respecto a los máximos alcanzados durante el endurecimiento monetario, el BCE muestra que la accesibilidad sigue dependiendo de la combinación entre precios, ingresos y coste de los préstamos.
Los datos de Eurostat también reflejan una consecuencia visible: en 2025 los jóvenes europeos abandonaron el hogar familiar a los 26,3 años de media, mientras que en España la cifra alcanzó los 30,2 años.
Pero detrás de estas estadísticas hay una cuestión financiera más profunda.
Comprar una vivienda requiere patrimonio inicial, ingresos suficientes y acceso a financiación al mismo tiempo.
Para una generación que todavía está construyendo su patrimonio, conseguir las tres cosas simultáneamente puede resultar mucho más difícil que para quienes llevan décadas acumulando activos.
Por eso, el problema de la vivienda no debería analizarse únicamente preguntando cuánto cuesta una casa.
La pregunta más importante es:
¿Cuánto esfuerzo financiero necesita realizar una persona joven con un salario normal para poder acceder a ella?
Cuando el precio de la vivienda crece más rápido que la capacidad de ahorro y los ingresos, la distancia entre ambos aumenta.
Y esa distancia explica buena parte de por qué para muchos jóvenes europeos tener una casa propia ha pasado de ser un objetivo relativamente previsible a convertirse en uno de sus mayores retos financieros.